martes, 13 de junio de 2017

Preguntas al viento

¿Dónde está? ¿Por qué me rehúye?, pregunté al Cierzo que todo lo abarca, desde el Pirineo hasta los cuatro valles dibujados por la Madre Naturaleza. ¿Dónde la encontraré?, insistí con la urgencia de satisfacer mi ignorancia.  Son soplos de gigante, soplidos que mueven los molinos eléctricos, son caminantes perdidos entre las nubes, me respondió. Mas yo no lo entendí.
¡Mira más allá, contempla el arco iris surgido en el horizonte, lánzate a volar sin miedo y déjate llevar por el Moncayo! Rugió. ¿Te lo imaginas? me dije a mí mismo reconfortado. Y entonces sí, entonces caí en la cuenta de que ella, mi amada, no ha huido, tan solo se esconde. Porque el viento la cubre con un manto enigmático y pasajero… hasta la próxima estación. Hasta que resurja el sonido del viento. 

Sudor frío

Me veo en mitad de la madrugada sobresaltado por un sonido de llaves, que me provoca un sudor frío atravesando todo mi cuerpo. Tardo unos segundos en advertir que me encuentro en el penal y que hoy es el día de la sentencia. Aún desconozco si será a garrote, horca, cuchillo o hacha. Tiemblo. Me acurruco sobre el catre, mientras los pasos se oyen cada vez más próximos. Acaban tras el portalón y pronto acompañaré a los carceleros ante el verdugo.

El amanecer me descubre el emplazamiento emblemático de la ejecución. Estoy en la Plaza Mayor, donde despierto del sueño.   
* Finalista del IX Concurso de Microrrelatos 'Vive la Plaza Mayor'