domingo, 12 de octubre de 2014

Federer convive con los dioses



Abran paso. Aparece el genio, un deportista singular, excelso, inmenso, que combina sus días entre el planeta Tierra y el Olimpo, donde tiene sitio preferente. Escríbanlo con letras de oro.
El puño derecho en alto, muy apretado; la raqueta en la otra mano. Un grito contenido, escueto, rabioso. La sonrisa amplia. Así expresa Roger Federer la victoria sobre Gilles Simon (7-6, 7-6) en la final del torneo de Shanghai. Un triunfo que va más allá, que significa la constatación del regreso del campeón, para muchos el mejor tenista de la historia. Un Federer que a sus 33 años y con cuatro hijos ocupa ya el número 2 del mundo (desplazando a Rafa Nadal) y que tiene a la vista acceder al lugar más alto de Novak Djokovic, del que le separan poco más de dos mil puntos. El final de curso (Basilea, París-Berçy y Copa de los Maestros) se presenta apasionante.
Un gigante que suma 23 títulos de Masters 1000 después de estrenar palmarés en Shanghai –“tenía muchas ganas de vencer aquí”-, comenta en la entrega de trofeos- y cerrar una semana intensa, que a punto está de irse al traste en su primer partido. Recordemos que salva cinco bolas de partido ante el argentino Leo Mayer, contra el que necesita tres sets y una muerte súbita de infarto.
Federer es leyenda, pero transita aún por el mundo del tenis. Y tiene hambre. Para levantar este domingo de octubre el cuarto trofeo del año –Dubai, Halle, Cincinnati y Shanghai- debe adaptarse a un partido distinto, sin ritmo, confuso, frente al francés Simon, un maestro del engaño. Nada que ver con el duelo de un día antes frente a Djokovic, donde Federer disfruta y dibuja un encuentro para enseñar en las escuelas.
Gilles juega con las velocidades,  alterna los tiros, esconde los efectos. Tan pronto se defiende como ataca. Aprovecha los tiros del rival para conectar los suyos, envueltos en dinamita. Simon ha regresado del infierno de unos años sin resultados destacables, sometido también a los imponderables de las lesiones, para discutir al campeón de 17 Grand Slams la conquista del torneo que cierra la gira asiática. Es su segunda final de M1000 tras aquella de Madrid, hace ya seis años, también perdida. En la central de Shanghai, cerrado el techo por temor al viento huracanado que amenaza desde el exterior, el menudo jugador de Niza, vencedor de Feliciano López en semifinales, aplica una estrategia positiva. Arranca más tranquilo que su rival y avanza en el marcador gracias a la rotura de saque inicial.
Roger acumula más errores no forzados en los primeros juegos que en casi todo el partido ante Djokovic. Errático, lento de piernas, sin toque limpio, se mantiene en el set gracias a su experiencia para gestionar este tipo de compromisos. Desde la tranquilidad, espera una oportunidad que llega cuando Simon saca para el set con 5-4. Entonces se desdibuja el francés, al que abandona el primer saque y concede el break que equilibra el resultado. Federer crece hasta el 6-5 y dispone de dos bolas de set, neutralizados por su rival. En el tie break de nuevo manda Gilles, que echa por la borda un punto de set. La clase del suizo inclina la balanza.
Simon ha perdido una ocasión dorada y debe pagar el precio. Requiere asistencia médica en el vestuario y retorna con la duda escrita en su cabeza. Ofrece síntomas de abatimiento, de haber agotado las reservas. Con el paso cansino, afronta la segunda manga a un ritmo más lento, que induce a pensar en un desenlace inexorable. No sucede así porque Federer no acierta a dar el paso. Conjuga puntos brillantes con fallos inesperados, como dos voleas de derecha sencillas que estrella en la red.
 Es el Roger que negocia consigo mismo hasta dónde puede llevar el partido.  Y decide que el tiempo le dará la razón, como tantas veces. Malgasta los puntos de break, pero se aferra al servicio. Inclina los tiros hacia la derecha de Simon, que se encuentra sin espacios para su revés a dos manos. El suizo le escatima su golpe preferido, pero aún debe abrir la chistera para salvar dos puntos de set (15-40 con 5-6). Llegados a la muerte súbita, las balas de Gilles se han agotado. Es el camino a la gloria de Roger Federer, que sella el partido a la primera. Más allá de los números (17 Grand Slams, 23 Masters 1000, 984 victorias, 61 triunfos este curso, 81 títulos), Roger Federer es un ejemplo para las futuras generaciones. Un tenista único, que ha sabido administrar su inmenso talento para extenderlo a lo largo de 16 temporadas. Le falta ganar la Copa Davis, cuya final afrontará contra Francia a finales de noviembre. Y se lo ha propuesto como gran objetivo del año. Un genio anda suelto. Se llama Roger Federer.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Nadal cede otro escalón



“Mi pensamiento es ir a Basilea, París y Londres”, declara Nadal para resolver las dudas que flotan a su alrededor. Acaba de perder en dos sets (6-3, 7-6) frente a Feliciano López en la segunda ronda del Masters 1000 de Shanghai. Su primer partido en el torneo, que cerca está de no disputar por culpa de la dolencia de apendicitis surgida de Pekín a aquí, en los días pasados. Una derrota con consecuencias indirectas. Roger Federer, que salva cinco bolas de partido antes de vencer al argentino Leo Mayer, arrebata el número 2 del ranking al español, ahora un escalón por debajo. 

Han sido días de un intenso dolor tratado con antibióticos, que enmascaran parcialmente el problema. El balear confiesa que una hora antes del partido ante su compatriota los médicos del torneo chino le desaconsejan jugar. “Es normal, lo hacen para cubrirse las espaldas”, matiza en tono conciliador. Rafa no atiende la petición y salta a la pista central de Shanghai para tratar de avanzar ronda. Una misión que se convierte en imposible por múltiples factores, el principal la dificultad para conectar correctamente los golpes. Se mantiene con la derecha, que le obliga a menos esfuerzos. Pero pena con el revés y sufre en los desplazamientos. Es un Nadal reducido, minimizado ante un rival que se ve ante esta oportunidad de oro tras cuatro años de derrotas contra su amigo. Feli juega agresivo, valiente, como en él es habitual en este tipo de superficies. Saque y volea. Subidas constantes a la red. Su lema de siempre. Y que le funciona ante un Nadal que arranca cargado de precauciones y sometido a la incapacidad de dar el máximo esfuerzo.
El primer set no tiene otra lectura. Feli manda, domina, avanza hacia su conquista con paso firme y sin fisuras. Lo hace suyo y está dispuesto a tocar la gloria de un triunfo de prestigio. Pero se atasca en la segunda manga, que dibuja a un Nadal más liberado, menos cauto y que aumenta la velocidad y ajuste de sus golpes. El ganador de 27 Masters (ninguno en Shanghai) se dispara hasta un 4-1 y se procura una bola para el 5-1. No lo logra y surge el atasco, la réplica de Feliciano, fiel a su básico patrón de juego.
El partido se equilibra, toma una dimensión similar a la del set inicial, aunque con mayor resistencia por parte del mallorquín. Rafa tira mejor, somete a su rival a un despliegue más intenso, pero se queda a medio camino. Dispone de saque para igualar la contienda (5-4), pero se le escapa. Feli regresa de la confusión en el momento justo, antes de que sea irremediable. Y su osadía obtiene recompensa en la muerte súbita, cuando salva una bola de set de su íntimo enemigo con una extraordinaria volea. Al cabo, la victoria cae por fin de su lado en este desempate. Rafa se despide de Shanghai como llegó: dolorido pero con la cabeza alta. Siempre dispuesto a cumplir. Un valor que le ha significado universalmente.
“Estaba jugando un buen año, muy positivo, y después he tenido mala suerte con la muñeca y lo de ahora, pero me quedan tres torneos”, anuncia el mejor deportista español de la historia. Una ristra de contratiempos, edema óseo en la espalda, virus estomacal, lesión en la muñeca y dolor en el apéndice ahora, han rebajado su trayectoria en un curso que ya difícilmente podrá mejorar. No hay excusas, sobran las lamentaciones. El análisis del partido es conciso: “Cuando tú pierdes un partido, no creo que sea el momento de hablar de las cosas obvias. Yo perdí porque Feli jugó mucho mejor que yo”.  Rafa Nadal, si la salud se lo permite, ha subrayado en rojo un objetivo final para cerrar la campaña: la Copa de Maestros de Londres. La que falta en su casa-museo de Manacor.