miércoles, 26 de junio de 2013

Los focos apuntan a Ferrer



Martes 25 de junio. Segunda jornada en Wimbledon. No llueve. Brilla la hierba. Se completa la primera ronda del torneo más prestigioso del mundo. Día 1 después de la despedida de Nadal, derrotado por un belga de nombre Darcis, pero sobre todo por una maltrecha rodilla izquierda. Sale a escena David Ferrer. Le toca volver al primer plano. Es el relevo natural de Rafa, el elegido para representar a España, como hiciera durante los siete meses de ausencia del menorquín. Sobre él apuntan los focos, la esperanza de su país. Pero no está solo. Feliciano López, por ejemplo, que se mueve a gusto sobre el tapete. Viene de ganar en Eastbourne a Gilles Simon y, a eso de las nueve de la noche, hora peninsular, repite victoria ante el francés. Va sobrado el toledano, que despacha al gabacho con 21 aces y ningún punto de break en contra (6-2, 6-4, 7-6) Que siga así. Otro español, Roberto Bautista-Agut, elimina al ruso Gabashvili y saca billete para la segunda ronda. Pierden Marcel Granollers, ante Gasquet; Albert Ramos, contra Del Potro; y Daniel Gimeno-Traver. La 'armada española' conserva munición para varias rondas.
A eso de la media tarde, David Ferrer salta a la central una vez que Djokovic se deshace de Florian Mayer. Se mide al argentino Martín Alund, 101 del mundo. El de Jávea saca el rodillo en el primer set (6-1) con pleno de roturas de saque sobre su rival. Se le nota fresco, amoldado al césped. Incluso le ha venido bien la semana de descanso tras perder a las primeras de cambio en S'Hertensboch. Mejora Alund en la segunda manga y llega el despiste del alicantino con 4-5 y su servicio. Comete tres dobles faltas y manda una derecha al limbo. Set ‘regalado’ para el argentino y partido igualado. Surgen dudas.
Ferrer lo acusa. Tira más flojo, no arriesga y el enemigo se crece. Alund vive sus mejores momentos. Inquieta y amaga, le entra casi todo, pero no le alcanza para desequilibrar. En el instante clave, cede su saque y pone en bandeja el 7-5 a Ferrer. El partido ya es otra historia, aunque un resbalón del alicantino, con 3-1 en el cuarto set, pone una pizca de duda. Ferru sale del apuro. Se ha torcido el tobillo izquierdo, aunque no se resiente y el triunfo es incontestable: 6-2. Que pase el siguiente. En su caso, Bautista-Agut.    

jueves, 13 de junio de 2013

Federer dará que hablar



Tiene Roger Federer la cabeza puesta en Wimbledon, pero antes hace parada y fonda en el torneo de Halle. Hierba alemana antes de la hierba inglesa. Preparación obligatoria para abordar el octavo título en la catedral londinense. Roger se acomoda a su elemento preferido, donde mejor se desenvuelve. Al suizo le sienta bien el pasto, una superficie que ha perdido vigencia en el circuito. Es el jugador con el palmarés más alto y no me extraña. Ideal para sus condiciones. Ha conquistado 12 torneos (siete en Wimbledon y cinco en Halle) nada menos, por delante de Sampras (10), Connors (9), McEnroe (8), Becker (7) y Hewitt (7). Sólo éste sigue en activo –participa en Queens esta semana, otro torneo en hierba- pero sin apenas opciones de ganar.
Federer lleva un mal año. Ningún título conseguido, un hecho casi insólito. Las circunstancias se le han vuelto en contra. Apeado en el Abierto de Australia por Murray en las semifinales, a partir de ahí ha dosificado las participaciones y se ha quedado a las puertas en todas ellas. En cemento y en tierra. Significativa fue la derrota ante Nadal en Indian Wells, en cuartos de final, aunque justificada por la dolencia en la espalda del suizo. A su vez, el español afrontaba la competición tras una reaparición gloriosa –triunfos en los torneos de tierra de Sao Paulo y Acapulco, y final en Viña del Mar- después de siete meses parado recuperándose de la rodilla izquierda. Rafa volvió a machacar a su amigo Roger en la final del Masters 1000 de Roma, a mediados de mayo.
La actuación de Federer en Roland Garros, hace escasas fechas, concluyó en los cuartos de final, donde perdió a manos del francés Tsonga sin discusión, en tres sets. Queda claro que el favoritismo del suizo es menor a medida que cumple años y su mente se aparta de la actividad tenística al ciento por ciento. Conserva toneladas de clase, una derecha impagable, un servicio de prestigio y una muñeca única e intransferible. Pero los torneos se le hacen demasiado largos y se dispersa en partidos que no deberían ofrecerle dificultades. Un ejemplo es la derrota en el Mutua Open de Madrid frente a Nishikori.
Nadal, con su victoria en París, le ha colocado ante el reto más importante de la temporada: ganar ocho títulos de un mismo Grand Slam. Estoy seguro de que Federer ha recogido el guante. Le motiva lograrlo en el templo del tenis, donde ha jugado partidos inolvidables y perdido una final para la historia ante Rafa. Su peor recuerdo, tal vez. Atentos a sus palabras, en las que se deduce el interés que tiene en recoger otra copa en el All England: “Mi mejor etapa este año aún está por llegar”. Y lanza un aviso: “El balance lo hago siempre después del Abierto de Estados Unidos. Estoy convencido de que la segunda mitad de la temporada irá mejor que la primera”.
Sólo otro detalle: en la pasada edición ganó el título derrotando a Djokovic y Murray consecutivamente. Y reconquistó el número 1. Que nadie dé por hundido a Federer en 2013.