jueves, 30 de mayo de 2013

Despedidas y despedidos



La temporada futbolística da sus últimas bocanadas. Es tiempo de balances, reflexiones y despedidas. Los ejemplos se amontonan en cada club de la extensa geografía española. Las salas de prensa se abren para escuchar las palabras de los que tienen algo que decir. Los medios de comunicación actúan de testigos. El mensaje, en general, va destinado fundamentalmente a los aficionados.
Detengámonos en los casos más calientes, los de hoy mismo, 30 de mayo. Así, a bote pronto, me salen tres muy concretos. El más sentido lo protagoniza Eric Abidal, que dice adiós al Barcelona. Acompañado por Sandro Rosell y Andoni Zubizarreta, pero respaldado por toda la plantilla, le brotan las lágrimas. No sólo llora el francés, también veo a Iniesta y Xavi Hernández frotarse los ojos. Es el llanto por la marcha de un compañero que ha dado un enorme ejemplo de superación frente a una grave enfermedad. La lucha del ser humano ante las adversidades. Abidal, al que le cuesta encontrar las palabras exactas, define con su marcado acento gabacho la incomprensión de una despedida no deseada. “Me hubiera gustado seguir en el Barça, pero el club lo ve diferente y es una decisión que tengo que respetar”, aduce este hombre honesto y querido.  Han sido seis temporadas en un Barcelona que ha calado en su corazón y al que abandona para regresar, según promete. “Me voy, pero volveré porque tengo una propuesta del club muy interesante”.
Ni una queja pública, ni un reproche. Eric habla con la verdad por delante, sin nada que ocultar. De ahí la principal razón del viaje a otra parte: “Quiero seguir jugando al fútbol, porque es mi pasión desde niño, todo el esfuerzo que he hecho lo hice para volver y quiero jugar”.
Menos dramática es la despedida de Miroslav Djukic, el entrenador del Valladolid hasta el 30 de junio, que se muestra escueto. Solo ante el micrófono, el técnico dice una frase rotunda: “Vengo a comunicaros que el año que viene no seguiremos juntos”. Una forma sencilla y clara de indicar que sale en busca de otros retos. Las alternativas, se comenta, son el Valencia, si no renueva Valverde, o el Benfica. Djukic se ha ganado el reconocimiento. En Pucela deja buen recuerdo y excelentes resultados.
La comparecencia más extensa, como corresponde al personaje, la ofrece Marcelo Bielsa, todavía entrenador del Athletic. Hora y media de disertación que esta vez tiene numerosos momentos divertidos. Bielsa, con la mirada más altiva que nunca, hace una puntualización: hablar del pasado no significa estar despidiéndose. Más abierto que de costumbre, locuaz a más no poder, el argentino admite su distancia con el periodismo, del que tiene mal concepto, “como de los entrenadores”, aclara. Y va más allá poniendo a su esposa como tapadera. "Les diré que mi mujer me dijo que quería ser vasca. Yo le dije, ¿Cómo que vasca, yo no quiero que seas vasca. Por qué y me respondió que porque los vascos no se van de boca. Le pregunté si es que pensaba que hablaban poco, y me dijo que no. Hablan mucho pero dicen lo necesario, nunca dicen lo que no corresponde. Tengo con los periodistas de aquí la misma distancia que con el resto, pero sí noto la diferencia. Es una prensa menos dañina", explica.
Tres ejemplos, tres maneras educadas de marchar. No siempre es así. Al otro lado están los despedidos, profesionales que deben recoger sus pertenencias sin excusas ni explicaciones. Porque sí. Trabajadores con los que no cuenta el club (la empresa). Ellos tienen más difícil la recolocación. Toca ‘venderse’, encontrar un destino cada vez más incierto, reinventarse. Y entonces me doy cuenta de que el fútbol, en esta etapa de crisis permanente, no está tan alejado de la sociedad española.

lunes, 27 de mayo de 2013

La línea roja de Nadal



Roland Garros, el grande de la tierra batida, ya está en marcha. París acoge a los maestros de la raqueta, les seduce, los cobija. Sudor y esfuerzo sobre la arcilla. La línea roja hacia el octavo título de Nadal está marcada. El tenista de Manacor ha iniciado la singladura. Sabe que el trayecto es largo, sinuoso, cargado de minas. Como las de un mastodonte apellidado Brands, alemán por más señas, que a estacazo limpio le tiene hora y media groggy. Salvado el tie break del segundo set, la vía se despeja. Rafa se planta en la segunda ronda tras cuatro mangas. Su calculadora ya tiene las pilas recargadas. Partido a partido, no más. Le encaja bien el traje de la modestia. Unos días atrás, repite por enésima vez las bondades de un año mágico, traducido en seis torneos ganados y todas las finales disputadas. “Roland Garros siempre tendrá un lugar especial en mi corazón, siempre ha sido mi torneo favorito, pero no juego con más pasión aquí que en cualquier otro lugar", señala ante decenas de periodistas.



Hay una fecha señalada, el 9 de junio, que no sale de su boca, porque hasta allí le aguardan una sucesión de batallas. Apunten posibles rivales: Paire, Nishikori, Gasquet, Djokovic… Sí, la bola del sorteo ha sido caprichosa y nos ha privado de una final con Djokovic, al que Rafa tendría que ver en semifinales. Al mallorquín le suena a extraño.
 El serbio tampoco le hace ascos. Ha subrayado este torneo, lo quiere, lo anhela… lo desea. Es el que le falta para completar los cuatro grandes. Un lapsus que quiere subsanar este mismo año. Sus palabras suenan bravuconas: “He decidido ganar este torneo y voy a hacer todo lo posible para lograrlo. Es la prioridad número 1”.  Viene de caer pronto en Madrid y Roma, pero tira de amnesia. “Eso es ya pasado”, dice mientras abre los ojos de par en par. A Nole le han colocado una autopista hasta el duelo de colosos. Dimitrov, Haas, Dolgopolov, Tipsarevic… pueden ser sus oponentes.
Por la otra orilla navegan ya Federer, al que le ha tocado un barco a propulsión, y Ferrer, ganadores de la primera entrega este domingo. Roger, siempre bienvenido en París, tendrá tiempo de restañar las heridas de Roma. Para el maestro suizo hay un cuadro de colores idóneo para llegar a la última cita. En el horizonte sólo pueden nublarle la vista, salvo sorpresón, Tsonga y Ferrer. ¿Será capaz Ferru?  El de Jávea es el cuarto en discordia y tendrá que sudarlo, pero no le quiten ojo. Un alivio para él: ya no verá en cuartos a Berdych, perdedor este lunes ante Monfils. 
Federer-Nadal, Djokovic-Federer, Ferrer-Djokovic, Nadal-Ferrer. Cuatro alternativas para la conquista de Francia. Entre ellos anda el juego. Seguiremos informando.

sábado, 18 de mayo de 2013

Ferrer es un gladiador



Gana otra vez Nadal a Ferrer y prefiero más hablar de Ferru que de Rafa, al que le sobran adjetivos. El coliseo romano es el escenario de la octava derrota consecutiva en tierra del alicantino frente a este ogro. Sucede un 17 de mayo, justo una semana después de machacarse ambos en la Caja Mágica de Madrid. Vuelve a haber chorros de sudor, cientos de kilómetros recorridos, situaciones al límite, ocasiones perdidas. Drama sobre la arcilla. Ferrer no varía el signo de los dioses. El pulgar hacia abajo le condena de nuevo en el Masters de Roma.
Atrás queda otro partido maratoniano, casi tres horas de brega. Un suplicio para ellos, un regalo para los espectadores. Se desangran los dos ‘hermanos’ en una batalla sin ritmo, de alternancias e igualdad máxima, hasta que alcanzan el tercer set. Allí explota Nadal, puro instinto depredador. Le duele no haber culminado la remontada del periodo anterior –de 0-4 sacó para el 5-5, pero se lo llevó Ferrer por 6-4- y se transforma en un Hércules indomable. La historia que se repite. Lo anterior no cuenta, sólo vale el presente, que pasa por devorar a la presa con restos a la línea, martillazos de derecha, saques ganadores y subidas precisas a la red. Ferrer asiste a la crecida y cede poco a poco, pero sin pedir rendición, si acaso un imposible. Tiene carácter y lo expulsa. Grita, perjura, se queja amargamente de una bola mal vista. Un lamento sin eco. Al cabo, el partido se inclina hacia el número 5 –dejará de serlo si gana el Masters romano-, que resopla mientras camina, exhausto, para despedir, y homenajear, a su víctima. Gloria al perdedor.
Ferrer le ha tenido contra las cuerdas, le ha obligado a sacar lo mejor. Hasta el último aliento. No es suficiente, ni ahora ni hace siete días. Vuelve a fallarle el último paso, esa diosa Fortuna que haga doblar las rodillas de su enemigo íntimo. No le debe importar ni obsesionarse. Su mérito no es menor.
Estamos ante un deportista de raza, un gladiador. La edad le ha mejorado. Rebasada la treintena, han venido los mejores resultados y ya puede presumir de tener un Masters 1000 de París, amén de otros 19 títulos individuales. Un palmarés engordado sobre todo en 2012, con siete torneos conquistados. Este año ya van dos: Auckland y Buenos Aires. Él más que nadie sostuvo al tenis español durante la convalecencia de siete meses de Rafa.
Así es David, un tenista que nunca tira la toalla. Sufre, pelea, compite. Ha aprendido a contenerse. Controla más sus impulsos. Y tiene armas para la batalla. Ha ampliado sus golpes y lee mejor los partidos. La mano de Javier Piles también cuenta. Físicamente es un portento. Cualquier maratón le resulta corto. De Roma a París, queda saber qué ranking ocupará, a criterio de los organizadores. Una polémica que la lesión de Murray puede esquivar. Mientras abandona la Centrale, la cabeza de Ferrer ya está en Roland Garros.

viernes, 3 de mayo de 2013

Orden de comparecencia

Eligió ese hotel por la certeza de contar con la máxima discreción. Mientras entraba en el aparcamiento hizo una breve recreación de la escena que seguramente tendría lugar en la habitación. Tenía claro que habían sometido a coerción a aquel individuo, pero ahora ya daba igual. Tal vez lo mereciera. Se propuso llegar hasta las últimas consecuencias. Se registró con el nombre que indicaba el pasaporte falso y subió por las escaleras con la máxima determinación. Antes de abrir la puerta, miró a ambos lados del pasillo. No vio a nadie. Entró y arrojó el maletín sobre la cama. Llamaron a la puerta y supo que era ella. La recibió con una leve sonrisa y un suave beso en los labios. “¿Has traído la orden de comparecencia?. Por supuesto, abogado". Y empezaron a desnudarse.