jueves, 21 de marzo de 2013

Rafa, te echábamos de menos



Permítanme que les cuente un secreto. Me encanta el tenis, lo practico habitualmente y soy admirador de Rafa Nadal desde octubre de 2003, cuando la organización del Master Series de Madrid de tenis le concedió una invitación (wild car) para intervenir en el torneo. Tenía 17 años y era una promesa en ciernes dentro del panorama internacional. Antes del debut, MARCA promovió unas sesiones de entrenamiento con el joven jugador de carácter promocional, en las que logré incluir a mi hijo, unos meses más pequeño que Rafa y también jugador de tenis, aunque con notables diferencias de nivel.
Unos minutos viendo pelotear a Rafa con mi vástago y el trato exquisito que tuvo con él me convencieron de estar ante un grande de este deporte. Intuición o evidencia, el caso es que los hechos me han dado la razón, lo cual tampoco tiene demasiado mérito. Mucho antes lo apreciaron los técnicos en la materia, según iba acumulando trofeos en categorías inferiores y daba ya algún que otro repaso a jugadores mayores que él.
Por si no lo recuerdan, les diré que en aquel torneo, Nadal cayó en la primera ronda ante Álex Corretja, al que arrancó un set. Pero empezaba a forjar la leyenda. Al margen de sus virtudes deportivas, reconocidas a través de los títulos y galardones cosechados, en Rafa destaca el aspecto humano, la ejemplaridad con que se mueve dentro y fuera de las pistas. Asegura en un libro autobiográfico que nunca ha roto una raqueta de rabia y que nunca lo hará. Está educado en ello. Le creo.
Han pasado más de nueve años desde aquel ‘descubrimiento’ del mejor deportista español de la historia. Para mí no hay discusión. En este tiempo, Rafa ha sumado 11 títulos de Grand Slam, 22 Masters Series y una ristra de récords que han forjado su imagen de héroe del siglo XXI. Ha convivido con las lesiones y ha salido indemne de numerosas adversidades. El paréntesis de siete meses que ha vivido para superar el problema de la rodilla izquierda se ha hecho interminable. Pero el regreso ha merecido la pena. Tres títulos y una final en cuatro torneos. 17 victorias y una derrota. El mejor arranque personal de una temporada.
De él destacan los expertos su fortaleza mental y el espíritu de superación constante que atesora. Afronta cada partido con el máximo respeto al rival, por mucha diferencia de ranking que exista. Eso le hace ser respetado y admirado por los compañeros del circuito. Los duelos con Federer ya son históricos y los que mantiene con Djokovic, cada vez más frecuentes, van camino de ello.
Las victorias le han servido para encontrar nuevos retos y las derrotas, para rectificar en los errores cometidos. No tiene el mejor saque, ni la mejor derecha ni un gran revés. No se prodiga en la red ni domina la volea. En cada faceta concreta hay otro jugador que le supera. Pero no hay, en el global, un tenista con una mente tan privilegiada. Por eso el rey indiscutible de la tierra batida también ha triunfado en las demás superficies. Y lo seguirá haciendo, ahí está el ejemplo de Indian Wells 2013.
Las imágenes del pasado año en París, al término de la final contra Djokovic, tras conquistar el séptimo título en Roland Garros, conmueven y reflejan la trascendencia personal de esa victoria. El abrazo con su tío Toni, un hombre de mi edad, me llegó al alma. Tal vez me estoy volviendo demasiado sensiblero. O tal vez sea que compartimos algunas similitudes. En cualquier caso, con la que está cayendo, agradezco a Rafa las alegrías producidas por sus éxitos, aunque sean a base de un buen puñado de horas ante el televisor. Un beneficio impagable que de nuevo se ha repetido en este mes de marzo. Rafa ha vuelto para quedarse entre los grandes. Que sea por mucho tiempo.

     

miércoles, 13 de marzo de 2013

La gasolina de Alves



Hablemos de Dani Alves, el lateral del Barcelona que el pasado martes, tal que 12 de marzo de 2013, completaba una actuación estelar en el partido de Champions ante el Milan, colaborando en una remontada histórica. Gracias al 4-0, el Barcelona lograba clasificarse para los cuartos de final de esta edición y ahuyentaba muchos de los fantasmas surgidos días atrás, iniciados con motivo del partido de ida en San Siro y aumentados después de las dos derrotas frente al Real Madrid.
Alves, por decirlo en dos palabras, ha vuelto. Las noticias que llegaban sobre él últimamente indicaban que había perdido peso… en el conjunto azulgrana. No hace un mes, el brasileño ya no era indiscutible en la derecha del once inicial azulgrana, bien como defensa, bien como interior. Alves empezaba a lesionarse con cierta frecuencia. Todos los percances por problemas musculares. ¿Una casualidad producto de la mala suerte o una consecuencia de una preparación deficiente? Hay diversidad de opiniones.
 Las voces críticas comenzaron a surgir desde que arrancara la temporada. Muchas de ellas iban dirigidas con saña hacia el futbolista que llegó procedente del Sevilla y que ha aportado mucho al Barcelona durante cuatro temporadas. No es secreto que el idilio con el club se ha enfriado e incluso el propio Alves denunció el pasado verano la falta de tacto hacia él de los rectores. Estuvo en el mercado y no se fue por la ausencia de ofertas interesantes. Así de claro. 
En este tiempo como jugador ha recorrido miles de kilómetros sobre el césped, una condición que le hacía único en la posición de lateral derecho. Infatigable, tal vez no haya sido un marcador excelso, pero sí un dominador de la banda, un magnífico atacante y un aceptable pasador. Mejor arriba que abajo, durante años ha congeniado con una plantilla elegida para la gloria, circunstancia de la que ha sido también colaborador inestimable y protagonista en no sé cuántas ocasiones. Disperso tácticamente, también se ha ganado la bronca de alguno de sus compañeros. 
La exhibición de la primera parte del encuentro frente al Milan, con toda la banda derecha para él, no tiene discusión. Tras el descanso, se le vio más reacio a subir para cubrir mejor las acometidas italianas. Aun así, llevó peligro y nunca descuidó su territorio. No se le recuerda un solo error.
Acusado de bronquista y teatrero, incluso por boca de derterminados futbolistas, Alves merece un respeto por su contribución al Barcelona, que se suma a la prestada también al Sevilla. Me quedo con sus prestaciones positivas, que superan a las negativas, no me cabe duda. Es más, queda evidente que todavía le queda gasolina en el depósito. Si en su momento tuvo que entrar al taller –lesión en el Barça-Real Madrid de meses atrás- su regreso a la pista le ha permitido poco a poco completar la puesta a punto de nuevo. Así que no le mandemos al desguace.

viernes, 8 de marzo de 2013

Caso sin resolver



El centro comercial había quedado en penumbra. El vigilante apagó todas las luces y decidió salir un rato a la calle. Nunca lo hacía, pero esta vez sintió un impulso irrefrenable. Abrió la portezuela del almacén y echó un vistazo al exterior. Se agachó ligeramente para traspasar el umbral. Fuera hacía un frío de perros. No parecía marzo. La noche era clara y estrellada. Sacó el cigarrillo con dos dedos y se lo puso en la boca. Buscó en el bolsillo el mechero. No estaba. Qué raro, pensó. Juraría que lo llevaba. Desistió de fumar y colocó el cigarro de nuevo en la cajetilla.
No había un alma en los alrededores. Avanzó unos pasos, pero se detuvo. Intentó localizar el sonido. Parecían gritos, tal vez de un animal. Cesaron. Volvió a caminar. Otra vez los ruidos. Paró. Al girarse, vio una sombra en el escaparate. La negra figura de una mujer, creyó. Fue apenas un instante. Se sintió paralizado. Miró fijamente la escena. De repente surgió otra imagen en penumbra, un hombre con la cabeza cubierta. Llevaba un cuchillo. Echó mano a la pistola y corrió hacia él. Al traspasar la puerta, tropezó. El arma efectuó un disparo al caer. Ni rastro del individuo. Se levantó y penetró en el centro comercial. Revisó el escaparate. Todo estaba en orden. Ningún objeto extraño, ni una pista de la mujer.
Decidió buscar en otras secciones. Conforme avanzaba, el lugar le pareció más extraño. Una sensación de angustia le embargaba y la oscuridad aumentaba sus dudas. Estaba asustado, muy asustado, pero se propuso resolver solo el caso. Volvió sobre sus pasos, mientras apuntaba al techo y...
Gritó como un lobo herido de muerte. 30 segundos dramáticos. Después, el silencio. Resbaló hacia el suelo y quedó tendido junto a su asesino. La sangre llegó hasta el maniquí vestido de cazador y rodeó el arma que aún portaba en la mano el vigilante.