jueves, 28 de febrero de 2013

Siempre nos quedará Revilla



Desde junio de 2011, cuando se produjera el traspaso de poderes, el presidente de Cantabria es Ignacio Diego, del Partido Popular (PP), y dejó de serlo Miguel Ángel Revilla, del Partido Regionalista de Cantabria (PRC). Las elecciones autonómicas y municipales celebradas el 22 de mayo anterior otorgaron la victoria al PP, sucediendo a la coalición PSOE-PRC en el Gobierno.
Revilla, que tuvo que dar un paso a un lado bajo el imperio de los votos, es un personaje muy conocido no sólo en su Comunidad, que defiende y ensalza por donde quiera que va –doy fe de que no le faltan argumentos- sino en el resto de España, gracias a sus repetidas apariciones en los medios de comunicación.
Afable y cercano, el ex presidente, ahora en la oposición, se mueve como pez en el agua por los estudios de radio y los platós de televisión, lo que también le ha ocasionado críticas en la región montañesa. No deja indiferente, eso es palpable. Habla como es, un hombre sin tapujos, y dice lo que siente, que no siempre es lo políticamente correcto.Tras un periodo de silencio, ha vuelto con fuerza a los Medios. Analiza, comenta, critica, debate y se irrita con la corrupción. Además, ha irrumpido también en las redes sociales, donde deja comentarios jugosos.
Además de político, también es seguidor del Racing y presume de ello. Acude a los partidos del equipo en El Sardinero con la bufanda verdiblanca al cuello y se fuma al menos un puro durante los 90 minutos. Hasta ahora, su butaca estaba en el palco, junto al presidente del equipo rival y el máximo dirigente del Racing. Durante un tiempo, no mucho afortunadamente, también compartió espacio con Ali Syed, el empresario indio que comprara las acciones del club, ahora en paradero desconocido. Incluso hay imágenes de ambos abrazados celebrando algún gol del conjunto cántabro. A la vista de los acontecimientos, los gestos estentóreos del asiático son un nefasto recuerdo.
Revilla también acudía al Bernabéu para ver a su equipo. Según confiesa, la única salida fuera de Cantabria. Allí, en el coliseo blanco, renunciaba a sentarse en el palco de invitados y optaba por la grada alta, con los seguidores racinguistas, donde también era perseguido por los focos mediáticos. Y disfrutaba, aunque con reparos, porque el Racing siempre suele perder en el feudo madridista.
El descenso a Segunda del club cántabro ha dejado en segundo plano muchas cosas, entre ellas la presencia del ex presidente. Soplan malos vientos en la entidad santanderina, sumida en un montón de problemas y en riesgo de disolución de producirse otro descenso. El pasado 23 de febrero se inició el año del Centenario del Racing. Un acontecimiento que alegra a los racinguistas de verdad, como pueda ser Revilla, pero enmarcado en un panorama gris oscuro. El regreso, al menos a mí me lo parece, del político cántabro al escaparate mediático, al menos servirá para animar el cotarro. Y es que siempre nos quedará Revilla, un forofo del Racing, que no se muerde la lengua. Sus críticos también se relamen.

viernes, 8 de febrero de 2013

Mi reina del carnaval



Entré en la habitación del hotel a la hora fijada y te encontré sumergida bajo un imponente disfraz de gigantes plumas rojas. Cada centímetro de tu cuerpo estaba oculto por el llamativo aderezo. Un antifaz otorgaba más misterio al cuadro. Raudo, me aproximé y con voracidad empecé a desplumarte, complacido por el juego que me planteabas. La moqueta azul recibió una nevada de penachos. Mis manos se afanaban en la tarea, febriles, pero cuanto más desplumaba, más parecía haber. Fatigado, sudoroso, desguarnecido, mi cuerpo ofrecía seguramente un aspecto deplorable, impropio de la situación. No me di cuenta, encelado en la búsqueda del maravilloso tesoro. La noche se desvaneció igual que el disfraz. Desconozco cuántas horas pasaron. Eso sí, al despertar, me encontré con una pequeña bola de plumas entre las manos. Solté una, dos, tres, cuatro, cinco, cientos, hasta que desaparecieron todas. Como tú, mi reina del Carnaval.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La centena de Puyol



Cuando el pasado mes de octubre se lesionara frente al Benfica, podría pensarse que la carrera de Carles Puyol en La Roja se había detenido. Con 34 años y un brazo roto que añadir a su extenso historial médico, la duda era razonable. Yo, conociendo al personaje, aposté entonces por su regreso. En un artículo publicado en MARCA.com pocos días después del percance, di por hecho que jugaría el partido 100 con la selección. Una cifra mágica que alcanzó el 6 de febrero de 2013 en Doha, en el partido España-Uruguay. Y le anularon un gol. Como pequeño homenaje al central del Barça, reproduzco aquel artículo:
“Siempre vuelve a salir el sol”. La frase de Carles Puyol resume en seis palabras el espíritu luchador de un futbolista nacido para la batalla. Puyol afronta cada partido como un combate, en el que da y recibe. Un toma y daca. Como defensa, le corresponde anular las acometidas del rival, pero no escatima riesgos. Y recibe la misma respuesta que un kamikaze. Por eso se parte la cara, la rodilla, el hombro, los tobillos o se luxa el codo. El último episodio, sucedido en Lisboa.
Las imágenes son escalofriantes. Ponen los pelos como escarpias y hacen apartar la mirada. Carles ni se inmutó. Con el otro brazo pidió la asistencia y empezó a pensar, seguramente, en cuánto tiempo tardaría en ser atendido en la banda antes de regresar al campo con el problema subsanado. El asunto, esta vez, no daba para reparaciones inmediatas. Trasladado al hospital, las pruebas para analizar la gravedad del percance rebajaron la inactividad a largo plazo. Sin fractura, no necesitará intervención quirúrgica. Tiene para dos meses, ocho semanas o 60 días. Por él, mucho menos. La cuenta atrás comenzó en el mismo aeropuerto lisboeta, de regreso a Barcelona.  
La concatenación de lesiones no supone inconveniente desde el punto de vista físico, según admiten los expertos en medicina. Puyol puede recuperarse completamente, a pesar de haber superado la treintena. Donde ponen más dudas es en el aspecto psicológico, por la reiteración de percances. Mentalmente, puede sentirse más afectado que físicamente. Permítanme que lo dude.
Bautizado como Tiburón por Andrés Montes, el apelativo se le ha quedado corto. También llamado cuyons, éste describe sus prestaciones sobre el terreno de juego.  Es mucho más: apasionado, comprometido, talismán, etc. Antes de despedir esta glosa, reproduzco una descripción del azulgrana en frikipedia: "Puyol es un hombre sufridor, es un hombre que se ha ganado todo lo que tiene a pulso de pulgares. Tal vez por eso se le admira, por eso y por haberse enfrentado a todos los canis del fútbol profesional saliendo a la pugna como un espartano (él es como trescientos hombres) y debido a las malas artes de estos, no siempre ha salido indemne: rinoplastias mediante pelota, patadas en los cojones, mutilaciones de tres brazos (ahora sólo le quedan dos) y demás atropellos..."
Totalmente de acuerdo. Te espera el partido 100 con la selección. 

sábado, 2 de febrero de 2013

La corta travesía de Anquela



Como siempre en estos casos, los resultados han podido más que otras consideraciones. El Granada CF decidió días atrás destituir a su entrenador, Juan Antonio Anquela, como revulsivo -eufemismo de uso habitual en el mundo del fútbol- para mejorar los resultados. Al técnico jienense se le buscó un rápido sustituto, Lucas Alcaraz. Meses atrás, cuando el viento soplaba a favor del héroe de Alcorcón, al que a punto estuvieron de ponerle una calle, escribí este artículo en MARCA.COM que ahora recobra actualidad. Su título: 'Los dos retos de Anquela'. Decía así:
Cerró Anquela su etapa en el Alcorcón y ha tomado ya el billete hacia Granada, donde le espera un equipo de Primera. Han sido cuatro temporadas y media de continuo crecimiento, que a punto, lo que se dice por un gol, ha estado de dar con el conjunto alfarero en la máxima categoría. Lo explicaba el entrenador jienense en la emocionada despedida de los amarillos: “El fútbol te pone retos y no puedo decir que no a entrenar en Primera”. Un razonamiento comprensible a todas luces.
Quiso además despedirse con las frases más sentidas desde que asumió el cargo y dejó alguna para la historia del club amarillo: “El Alcorcón es el club que más huella me ha dejado. Llevo cinco temporadas aquí y no he dejado ni un solo día de ser feliz”.
A lo largo de su periplo en Santo Domingo, el técnico ha trabajado a gusto y ha disfrutado. Con una atención mediática reducida, eso sí, poco a poco ha ido adquiriendo notoriedad, a medida que el Alcorcón mejoraba las prestaciones. En estos casi cinco años, Anquela ha cambiado poco. De carácter afable, cercano y sencillo, ha hecho bandera de la normalidad para explicar su método. Lo bueno es que ha sabido transmitirlo al equipo, que nunca se ha salido de la línea correcta. Un ejemplo para los que buscan la fama a cualquier precio o presumen con una mínima victoria.
Enemigo de la polémica, ha puesto los cinco sentidos en el trabajo y ha obtenido el reconocimiento general. Ahora afronta el reto de entrenar en Primera división, recompensa que le llega a una edad ya madura pero igualmente válida. Cambia el entorno tranquilo del polideportivo Santo Domingo, donde apenas nueve o diez espectadores presenciaban los entrenamientos –soy testigo de ello- por los Cármenes o la Ciudad Deportiva Diputación, donde serán muchos más los asistentes y mucha más la presión. Es el doble reto de Anquela, que deberá acostumbrarse también a estar bajo los focos informativos de una categoría que exige resultados inmediatos. No hay tiempo para el análisis o la justificación. Se le multiplicarán las exigencias y tendrá que apechugar con las críticas, sean sinceras o interesadas.
Pienso que nada de ello le hará cambiar el discurso a un hombre que maneja las claves del fútbol en todas sus facetas. No dejará Anquela de ser humilde ni le podrá la carga de un club con más de 15.000 socios y una ciudad entera volcada con él. Conocimientos, capacidad y entusiasmo le sobran. Como siempre, no descubro nada si digo que sólo las victorias facilitarán el tránsito. Es la ley del fútbol, siempre pendiente de los marcadores. Suerte, Juan Antonio.