domingo, 30 de diciembre de 2012

En la próxima tormenta



Despertó empapado en sudor. Como siempre que la primavera daba paso al verano. No recordaba si esta vez se debía a una pesadilla o al agobiante calor que se instalaba en esas noches de finales de junio. Por la ventana entreabierta apenas entraba la tenue luz de una luna llena más pequeña de lo habitual. Ni un soplo de brisa, ni una pizca de aire que presagiara la tormenta que el conserje le anunciara para esa noche de viernes.
Se incorporó levemente, encendió la lámpara de la mesilla y cogió el libro que comenzó hacía no más de dos horas. Lo abrió por la página marcada y se adentró en su mundo, ajeno a la realidad, acompañado por los personajes e historias que relataba el grueso volumen. Sin remisión, se sumió otra vez en un sueño de fantasía.
Le sobresaltó el sonido de un terrible trueno que hizo temblar los cristales abiertos de los ventanales de su habitación. A éste le siguieron otros, junto a multitud de rayos que iluminaban la oscura noche, cubierta ya la luna por negras nubes y percibiéndose en el ambiente un frío temporal que agitaba las altas ramas de los chopos de alrededor. Empezó a llover con fuerza. Se levantó para cerrar la ventana, cuando de repente se apagaron todas las luces. Al instante, otro rayo cayó a pocos metros de la estancia.
El agua arreciaba, acompañada de unas bolas de granizo que aumentaban poco a poco su tamaño, cuando le pareció ver a alguien en la calle. Era una mujer. Intentaba apresurarse para hallar algún refugio. Empapada y sometida a la fuerza del granizo, apenas podía mantenerse en pie. La oscuridad la envolvía. Creyó verla tropezar cuando de improviso el relámpago alumbró la escena. Allí estaba ella. Tumbada en el suelo, magullada y perdida. Levantó la cabeza y miró hacia donde él se encontraba. Sus miradas se cruzaron, la de ella pidiendo ayuda, la suya sintiendo lástima. Sin pensarlo, corrió hacia la calle. Debía auxiliar a aquella persona, quería hacerlo, se dijo.
Abrió la puerta de la habitación y bajó a la carrera los cuatro pisos, sin esperar al ascensor. Al salir del hotel, la luna se abrió paso entre las nubes y enfocó la calle encharcada con un pequeño haz. No había nadie. La lluvia remitía levemente y decidió inspeccionar las calles de alrededor en busca de la anónima figura. Decepcionado, regresó por donde había caminado y entró en el único bar abierto a esas horas, enfrente del hotel. La luz tenue de las velas suplía temporalmente la carencia de electricidad. Se acomodó en la barra y pidió un bloody mary. Observó al camarero cómo lo preparaba. Desde que aquel barman le recomendara calmar las borracheras con este cóctel, siempre estaba dispuesto a combatir así la resaca. Eso sí, insistía en prescindir de la rama de apio y echar sólo dos gotas de tabasco. El hombre agitó los ingredientes y vertió la mezcla sobre el vaso bien cubierto de hielo. Lo situó frente a él y esperó a que diera el primer sorbo. El rojo intenso del zumo de tomate invitaba a no demorarse. Le pareció exquisito y así se lo dijo. El camarero se retiró al otro extremo de la barra. El segundo trago, más prolongado, le dejó el regusto del vodka atravesando la garganta. Por suerte, estaba acostumbrado y no le afectó que tuviera el estómago vacío desde hacía varias horas.
“¿Sabes de dónde procede el nombre de Bloody Mary?”. Se giró para ver a su interlocutor. Era una mujer de aspecto misterioso. La penumbra le impedía ver su rostro y tan sólo pudo apreciar la figura sinuosa de un cuerpo sugerente. “No tengo ni idea”, acertó a responder.
“De María Tudor, que durante su reinado en Inglaterra mandó a la hoguera a todo el que se cruzara en su camino”, añadió ella.
“Interesante historia”, interrumpió.
“María la sanguinaria.  Por eso el color rojo. De todas formas, no es más que una leyenda. Más auténtica me parece la idea de que naciera en el Harrys Bar de París, allá por los años veinte”, dijo la dama, aún oculta por las sombras.    
“¿Y usted con cuál se queda?”, le inquirió él.
“Me encanta París”, respondió mientras le arrebataba la copa y bebía de aquel cóctel.
“¿Puedo invitarle a uno?”, señaló con voz segura, mientras se imaginaba una velada romántica con ese regalo surgido de la noche. “Por favor, camarero, dos bloody mary”.
Pero al girarse para desvelar al fin el secreto de aquel rostro, se vio solo, otra vez el cliente perdido de aquel tugurio.  Sin más, apuró la bebida y regresó a la habitación. Antes de acostarse, su vista se posó en el libro, abierto al azar. Leyó:
“Volveré con la próxima tormenta, para que sepas que no eres tú el único que está sufriendo. Podrás verme, pero no ayudarme, al igual que yo a ti, pues tú también vendrás a mí. Volveré con la próxima tormenta para que dejes en ella tus lágrimas, como hemos hecho todos. Volveré con la próxima tormenta para que sepas que no estás solo. Para que sepas que ese día me encontrarás. Y yo a ti”. Y los ojos se le llenaron de esperanza.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Ejercicio contable



A las 14:57, como cada viernes, salió de la oficina. Llevaba 19,8 años en la empresa y, salvo los 29,5 días al año de vacaciones, nunca dejaba de trabajar sus 8,1 horas. Subió al coche, de 5,5 años de antigüedad, y cogió la carretera C-521 rumbo al chalet, donde se vería con su amante, 15,2 años más joven. Conduciendo, y con la radio encendida, pensó en su hijo. Mientras devoraba kilómetros, recordó que tenía 18,5 años, le quedaban 6,3 meses de carrera y, seguro, encontraría un trabajo que le ocuparía 8,8 horas diarias. Redujo la velocidad ante la presencia de una patrulla de tráfico. Miró el cuentakilómetros: marcaba 89,8 km./hora. Respiró aliviado. Algún día, Jorge también se casaría y le daría al menos 2,3 nietos. Él moriría  a los 79,8 años. Frenó y paró junto al arcén. Ojalá nunca hubiera hecho aquel curso de contabilidad, se dijo. En los tiempos que corren, no es de recibo.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Actos reivindicativos



Acudió a la manifestación con la pancarta reivindicativa bien camuflada. Por el camino cayó en la cuenta de que justo un año atrás estaba en la costa del Sol. Qué tiempos. La buena estrella se le había consumido en estos doce largos meses. Lástima no haber tenido memoria selectiva para impartir justicia con sus detractores. El trayecto se le hizo más corto pensando en los actos preparados. Juró en arameo y se propuso llevar a rajatabla el plan. Cuando llegó al punto de encuentro, se encontró con un montón de personas que compartían la misma situación. La gente empezó a pedir el referéndum popular. Se le hizo un poco extraño. Entonces sacó la toga del bolso, se la puso junto al birrete y se unió a los abogados que protestaban por el nuevo decreto gubernamental. Mañana tocaba manifestación de médicos y enfermeros.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Xavi debe hablar con Messi



La derrota ante el Celtic ha traído añadida una polémica en Can Barça. Messi volvió a recriminar a Villa que no le pasara el balón en una acción ofensiva del Barcelona allá por el minuto 80. Otro episodio que se suma al que protagonizaron los mismos futbolistas el pasado 22 de septiembre, en el Camp Nou, frente al Granada. Entonces se puso un paño caliente al asunto con declaraciones conciliadoras de compañeros y entrenador. Pasado poco más de un mes, parece que el conflicto ha regresado.
Es fácil coincidir en que Messi ya no es el jugador tímido, apocado y sumiso que inició su camino al estrellato hace ya ocho temporadas, en octubre de 2004, de la mano de Frank Rikjaard. Durante este tiempo, se ido ha forjando un futbolista de leyenda, que devora récords, bate estadísticas, acumula premios y gana títulos. Su influencia ha ido aumentando con el holandés, con Guardiola y ahora con Vilanova. Una influencia que se ve reflejada en el terreno de juego y compensada con creces por su rendimiento.
En  el plano personal, ha conocido la experiencia de la paternidad hace escasos días. Thiago nació la semana pasada, para colmar de felicidad a este argentino de 25 años. Sin embargo, el hecho ha provocado en él la urgencia por dedicarle los goles. Se vio frente al Celta, con la complicidad de los compañeros. Le buscaban con insistencia, pero se le resistió. Una frustración que ha tenido continuidad en el Celtic Park hasta la consecución del 2-1, apenas ya sin tiempo para empatar al menos. La celebración fue escueta y clásica. Forzada, diría yo. El dedo en la boca como un chupete. La bronca con el asturiano ya había sucedido. Hasta aquí los hechos.
 Messi hace mal en abroncar a Villa, Tello o Cuenca, en su momento. Podemos entenderlo por la tensión vivida recientemente. Pero eso no lo justifica. Pierde más que gana. No es una buena imagen del mejor jugador del mundo.
Un amigo que conoce por dentro al Barça me contó en su día que Messi sufre lo indecible con las derrotas. Es conocido que lloró como un niño en el vestuario de Mestalla la pérdida de la final de la Copa del Rey ante el Real Madrid, ya saben, aquel   1-0 en la prórroga de hace dos temporadas. Estaba hundido, pero supo resarcirse de seguido en la Champions.
También me ha confesado que el liderazgo del grupo no le corresponde, sino que pertenece a Xavi e Iniesta, a los que respeta y obedece en las decisiones. Surgido este caso, y de no haber variado el escalafón, Xavi debería hablar con Messi. Un rapapolvo del capitán tendría un efecto beneficioso si hace comprender a papá Leo que ante sí hay algo más que un balón y una portería. Y más ahora.
14 noviembre 2012

Copa del Rey, menudo trago



Arranca la Copa del Rey para los equipos de Primera división y me da la impresión de que, una vez más, les pilla a contrapelo y desganados. Es decir, que es un engorro que les surge en mitad de la semana, a algunos en día de fiesta, y no están muy por la labor. Entonces la eterna polémica sobre el sistema de competición de este torneo vuelve a aflorar. ¿Para qué sirve una eliminatoria de dieciseisavos de final, a doble vuelta, entre un conjunto de Primera frente a un Segunda B? Respondo yo mismo: para cubrir el expediente ideado por la Federación, solventarla de la manera más decorosa posible y a pensar en la siguiente ronda, de octavos, donde estarán rivales de más potencial, se supone, casi con seguridad.
 Los ‘alcorconazos’, del que por cierto se han cumplido tres años, tienen una cabida muy escasa. Surge también, claro está, como el año pasado el Mirandés, el equipo que va pasando rondas a fuerza de fe, constancia, buen juego y una pizca de suerte. Cuando confluyen todas esas circunstancias, la Copa gana interés entre los aficionados neutrales, que vuelcan sus simpatías por el David de turno.  Algo es algo.
Repasemos algunos de los duelos sorteados para esta ronda. Los más atractivos para los equipos pequeños son: Alavés-Barcelona, Alcoyano-Real Madrid, Llagostera-Valencia y Jaén-Atlético. Un premio para los cuatro, que puede verse reflejado en la taquilla del partido de ida. Pero ¿y la vuelta? No esperen llenos en el Camp Nou, Bernabéu, Mestalla o Calderón. Muy al contrario, lo lógico es que, sea cual sea el resultado de ida, se vea mucho cemento en las gradas, como solía decirse antes.
Del resto de emparejamientos destaco el Melilla-Levante. ¿En qué sentido? En que es un marrón para ambos clubes. Para uno, el de la ciudad departamental, porque el rival no es atractivo para la taquilla. Para el otro, los granotas, porque el desplazamiento al otro lado del Estrecho exige doble transporte y cansa al personal. Caprichos del bombo.
Así están las cosas y nunca llueve a gusto de todos, evidentemente, pero la labor de la Federación Española es organizar una competición atractiva y dinámica, aunque no satisfaga a determinados miembros. Eso se consigue, creo yo, con eliminatorias a un partido al menos hasta cuartos de final. También se ha propuesto alguna vez la celebración de una Final Four, al estilo de la Euroliga de baloncesto, en una sede para decidir el campeón entre los cuatro supervivientes. Parece que ha quedado en el cajón del olvido. Y hablando de sedes, en esta edición tampoco se sabe cuál será la que albergue la final. ¿Volveremos a tener lío con los finalistas? No lo duden.
Llega la Copa del Rey, menudo trago. 

7-Noviembre 2012